El Jardín de los Hortales y otras torpezas del Gobierno del PP


Artículo de Pablo Perpinyà publicado en El Correo de Pozuelo

Por muchas vueltas que le doy no logro entender como un Gobierno que tiene todo a su favor es capaz de provocar su propio naufragio cada semana. En  dos años y medio de legislatura el PP de Quislant, Oria y compañía se ha ganado la enemistad de gente de toda condición incluso en situaciones en las que resultaba difícil hacerlo debido a la predisposición de los vecinos para dialogar con el Ayuntamiento. Pero incluso en estos casos el Gobierno optó por el enfrentamiento en vez de por el entendimiento. Inexplicable.

Sería imposible resumir en unas pocas líneas los innumerables charcos en los que se ha metido el Gobierno en estos treinta meses de mandato, pero no me resisto a mencionar algunos que me parecen particularmente absurdos, especialmente si tenemos en cuenta que lo que pedían los vecinos era de absoluto sentido común y asumible por cualquier Gobierno.

Caso 1: El parque infantil para ancianos

El barrio que conforman las calles Isla de Tabarca, Islas Baleares y otras calles en la parte superior del Parque de la Fuente de la Salud amaneció una buena mañana lleno de excavadoras. Las vallas acordonaban el parque que utilizaban los vecinos de la zona, la mayoría de ellos de edad avanzada, para pasear, tomar el aire o leer el periódico. Como digo, el barrio está a escasos metro de la Fuente de la Salud, que ya cuenta con instalaciones infantiles, y además sus vecinos son mayoritariamente gente que ya no tiene edad como para subirse a un columpio, y por eso los vecinos le transmitieron al Gobierno que no era una buena idea destrozar la parcela que tanto les gustaba para poner un servicio que no necesitaban.  Es decir, los vecinos le dijeron al Gobierno que se ahorrara el dinero, que lo invirtiera en otras cosas y que, de paso, respetara el arbolado, los bancos y la configuración de una zona que les gustaba tal y como estaba. Pues nada, la Alcaldesa como quien oye llover, llegó incluso a discutir airadamente con algunos vecinos y, por supuesto, hizo la obra con el rechazo de casi todos.

Caso 2: El muro de Montealina

El sumun del absurdo tiene que ver con un muro de 18 metros de largo y 4 de alto que separa las urbanizaciones de Montealina y Monteclaro. A priori es una zona en la que el PP tiene bastante aceptación: alto poder adquisitivo e incluso vecinos ilustres como José María Aznar y Ana Botella. Pero con este Gobierno todo es posible. Se comprometieron antes de las elecciones a tirar el dichoso muro que causa problemas a todos los vecinos y que impide acceder con rapidez a los servicios de emergencias pero a la hora de la verdad se terminaron enredados en argumentos variados para dejarlo todo como estaba. Lo raro es que la Alcaldesa se sorprendiera cuando una vecina de Montealina se presentó en el Pleno y visiblemente molesta expuso su situación durante varios minutos mientras la bancada popular miraba abochornada al suelo. ¿De verdad era tan difícil tirar ese absurdo muro?

Caso 3: El parquímetro de La Cabaña

La Cabaña es ya un clásico de los relatos surrealistas protagonizados por el Gobierno. Entre los capítulos más apasionantes está el del famoso parquímetro que los ávidos gestores municipales del PP pretendían instalar en todo el barrio bajo pretextos cambiantes. Al final parece que todo tenía que ver con ese afán recaudatorio que tanto les avergüenza y con resolver el problema de aparcamiento de un hospital privado cercano. Pues ni cortos ni perezosos, el Gobierno se tiró a la piscina sin el acuerdo de los vecinos y aprobó la instalación del sistema. ¿Qué sucedió? Que los vecinos de La Cabaña ya son perros viejos y se presentaron en el Ayuntamiento con más de mil firmas en contra. Al final el PP tuvo que matizar la ordenanza y dejar simplemente prevista la posibilidad de instalarlo, en vez de hacerlo directamente. Conclusión: el Gobierno quedó mal con todo el mundo y encima no consiguió su objetivo.

Caso 4: La depuradora de Húmera

Otra de las grandes hazañas del PP. Olor a huevos podridos, gases sulfurosos, aguas fecales vertiendo al Arroyo Antequina, una instalación absolutamente desbordada… Parece una historia de terror pero es la situación que Eduardo Oria negaba cuando la denunciamos en Pleno y que a los pocos meses se vio obligado a reconocer. Un negacionismo que irritó a muchos vecinos de Húmera que soportan esta situación a escasos metros de sus viviendas y que, después de intentar por todos loS medios llegar a una solución dialogada,  han terminado hartándose y llevando el asunto a los tribunales. Por cierto, denuncia que ya se ha admitido a trámite y sobre la que se están practicando diligencias. A ver qué se inventa ahora Quislant para explicar por qué la reforma de la depuradora no tenía la Evaluación de Impacto Ambiental de la Comunidad de Madrid exigible y por qué no se ha cumplido las previsiones del Plan General de Ordenación Urbana.

Caso 5: El Jardín de los Hortales

¿Puede existir en el mundo un Gobierno capaz de convertir en una amenaza pública un pequeño jardín comunitario que los vecinos han levantado en una zona infrautilizada? Es decir, ¿es posible llegar al enfrentamiento con quien solo pretende contribuir a mejorar un barrio de forma desinteresada? Pues exactamente es lo que ha sucedido con el Jardín de los Hortales en Pozuelo Pueblo. Un espacio levantado con cariño y esfuerzo por los vecinos que el Gobierno se niega a respetar tal y como he podido comprobar en primera persona. Y es que no me puedo explicar por qué un Gobierno puede cometer la torpeza de despreciar el acuerdo con los vecinos frente a la imposición. Así, lo raro sería que la gente no se enfadara.

Lo paradójico de todo es que el Gobierno podría haber salido fortalecido tras la gestión de todas estas situaciones. No había en ninguno de los casos ni un solo elemento que obligara al Gobierno a actuar de la manera en que lo hizo salvo la necesidad de reivindicar su autoridad proclamando a los cuatro vientos un “aquí mando yo” que no es precisamente una llamada al diálogo. La cuestión es hasta qué punto podemos admitir que quien teóricamente se debe a los vecinos pueda poner por delante la necesidad de reivindicar su autoridad a la de atender a las demandas de quienes pagan su sueldo. Si el Gobierno se siente débil y necesita reafirmarse cada día es un problema suyo que no puede repercutir sobre los vecinos.

Pablo G. Perpinyà, Portavoz de Somos Pozuelo

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